Las Posadas: Una invitación hacia la hospitalidad

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Al crecer en Guatemala, sabía que se acercaba la Navidad cuando, en todo el país, algunas comunidades cristianas comenzaron a celebrar las tradicionales Posadas. La palabra posada significa refugio o lugar para ofrecer albergue. En la tradición cristiana latinoamericana, una posada es una recreación en la cual la Sagrada Familia, María y José, buscan alojamiento en su camino a Belén, durante el embarazo de María en espera de Jesús. Durante los 9 días antes de la Navidad, en las calles y ciudades de América Latina se celebra este ritual de hospitalidad. Las casas se seleccionan en la comunidad para ser las paradas donde María y José se detendrán y preguntarán por Posada. En Guatemala, los miembros de la procesión utilizan caparazones de tortuga como instrumentos que interpretan un sonido de que alguien llama a la puerta, anunciando que la Sagrada Familia está en busca de una Posada. Las personas en la comunidad se dividen en dos grupos; uno va dentro de la casa de recibimiento, a puerta cerrada, y el otro se queda afuera, con estatuas de una Virgen María embarazada y José. El grupo interactúa a través de canciones. El grupo en el exterior canta una canción preguntando si hay espacio en la posada, el grupo en el interior responde con otra canción que no hay lugar en la posada. La súplica de José por la compasión y hospitalidad viene a través de una canción que permite a los que están detrás de la puerta saber que su esposa está embarazada, cansada y no puede seguir caminando. La conversación a través de la canción continúa hasta que se extiende hospitalidad, se abren las puertas, y dentro del hogar ambos grupos celebran la hospitalidad ofrecida a los “Santos Peregrinos”: toda la comunidad disfruta de la hospitalidad del hogar y se sirven comidas y bebidas tradicionales.

En la antigüedad, la creencia de que lo Divino visitaba a los mortales, disfrazándose como pobres mendigos o personas necesitadas, informaba la práctica de la hospitalidad. Hay varios ejemplos de esto en la Biblia, pero tal vez un versículo de las Escrituras que es claro acerca de esta creencia y que solo tiene sentido a través de esta creencia es Hebreos 13:2; donde hace referencia a personas que ofrecen hospitalidad a forasteros, sin saber que eran ángeles. Te imaginas vivir en una cultura que cree que cualquiera que solicite refugio o albergue podría ser Dios. ¿Cómo cambiaría eso la manera en que tratamos a los extranjeros, mendigos y personas transeúntes?

La enseñanza de que Dios o los ángeles pueden venir a visitarnos y llamar a nuestras puertas en forma de un extranjero ya no es una enseñanza que contemplamos hoy. En nuestra sociedad actual, se nos alienta constantemente a sospechar de todo el mundo, especialmente de los extranjeros y los migrantes: personas que son diferentes a nosotros en cuanto a idioma, vestimenta, color de piel, cultura, religión y muchas otras diferencias. Sin embargo, también debemos enfatizar las innumerables historias de encuentros con extraños que afectan nuestras vidas de manera positiva: historias de hospitalidad, cuidado, compasión, amabilidad y generosidad humana. En las Escrituras se nos sugiere, incluso se nos advierte, que Dios vendrá a veces a través de personas que no conocemos y que nuestra respuesta a ellos tiene implicaciones indispensables para nuestra relación futura con Dios. En Mateo 25:44 encontramos que aquellos que no ofrecieron hospitalidad preguntan: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como forastero, o necesitado de ropa, o enfermo o en la cárcel, y no te ayudamos?”.

Ahora bien, no debemos inclinarnos hacia la hospitalidad por temor a ser castigados. En cambio, con la esperanza de que abrir la puerta a personas necesitadas traerá nueva vida, e incluso salvación. Cuando María y José estaban buscando una posada, la familia que les ofreció hospitalidad no sabía quiénes eran José, María y el bebé en su vientre. Era Dios, llamando a la puerta de la humanidad, para traer Buenas Nuevas. Hoy, cuando nos encontramos con nuevos peregrinos que golpean nuestras puertas, madres y padres con niños caminando cientos de millas, como María y José, haciendo fila en nuestras fronteras en busca de posada, llegando a nuestras comunidades cansadas de sus duros viajes, es crucial regresar a La enseñanza bíblica de la hospitalidad, y al abrir nuestras puertas ser fieles al llamado de Dios para dar la bienvenida a extranjeros y ofrecer un lugar en la posada.

Saulo Padilla
Immigration Education National Program
Mennonite Central Committee U.S.

Foto: En la ciudad de San Miguel, Guatemala, miembros de la iglesia católica local participan en una posada (posada significa “posada” en inglés). Cada noche, la gente va a diferentes hogares de la comunidad para cantar y saludarse hasta el día de Navidad, cuando se celebra el nacimiento de Cristo. Esta posada comenzó en la iglesia y la gente caminó y cantó con velas a la escuela local, donde se realizó una reflexión sobre la paz. (MCC Photo/Melissa Engle)